La construcción del indio terrorista: El PRO no sólo importa heladeras y frutas de estación, también hipótesis de conflicto.
Por EMILIANO GUIDO | 8 de diciembre de 2017
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El PRO no sólo importa heladeras y frutas de estación, también hipótesis de conflicto. Una vez concluido el escenario bipolar de la Guerra Fría, el Pentágono estadounidense necesitaba un enemigo y, de a poco, lo fue construyendo. En documentos oficiales del Comando Sur norteamericano, surgidos a fines del siglo XX y principios del siglo XXI, Estados Unidos comenzó a agrupar a su nueva lista de enemigos a vencer bajo una categoría difusa: ''nuevas amenazas''. En esa carpeta emergían problemáticas adversas al patrón de la seguridad occidental: ''crimen organizado'', ''narcoterrosimo'', y también ''los pueblos originarios radicalizados''. Para los militaristas gringos la ''concepción colectiva de la tierra'' de los indígenas colisiona con el desarrollo económico occidental.
El periodista mexicano y asesor del EZLN, Gilberto López y Rivas, documentó exhaustivamente en el libro ''Estudiando la contrainsurgencia de Estados Unidos. Manuales, mentalidades y uso de la antropología'' cómo el Comando Sur utiliza incluso el asesoramiento de disciplinas como la antropología para comprender a ese otro social, el indio, y así poder ir moldeando las subjetividades de las comunidades originarias hacia los propios patrones culturales de Estados Unidos. ''En los manuales de contrainsurgencia surgidos en los años 2006/ 7 la Asociación Americana de la Antropología comenzó a dotar a los militares con ojos y oídos culturales para que pudieran incursionar más preparados en las operaciones previas implicadas en el teatro de la guerra''.
''La gran contribución de esos antropólogos a los estudios de la contrainsurgencia es que concepción de los pueblos originarios sobre la propiedad colectiva de la tierra es la matriz de su criminalidad e insurgencia. Paralelamente, los jerarcas del Pentágono han descubierto que los indígenas son una amenaza porque además de defender su territorio se unen a otros subversivos como los Sin Tierra de Brasil (MST) o los zapatistas y así crean una situación adversa a los intereses estratégicos de EEUU.'', reflexiona López y Rivas en una reciente columna publicada en el diario mexicano La Jornada.
La cacería de un mapuche en el siglo XXI
A su vez, la desbocada narrativa del gobierno nacional que coloca a la Resistencia Ancestral Mapuche (RAM) como un enemigo insurgente tan sagaz y escurridizo como lo fue el Vietcong, o con un poder de fuego tan tremebundo como el que ostenta hoy Pyongyang, tampoco es una originalidad del Jefe de Gabinete Marcos Peña, reconocido frontman del ejército de trolls que sacuden las redes sociales con noticias falsas.
En la vecina Paraguay, gobernada por el magnate Horacio Cartes, amigo personal del presidente Macri cuando ambos presidían los clubes de fútbol Libertad y Boca respectivamente, las Fuerzas Armadas vienen criminalizando el interior rural con la excusa de su supuesto combate a la guerrilla Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP). De esa manera, agentes del Mossad israelí, altos mandos militares del gobierno de Juan Manuel Santos formateados con la doctrina del extinto Plan Colombia y agentes del Comando Sur vienen haciendo pie, incluso con la instalación de bases militares camufladas bajo el amigable nombre de Centros de Operaciones de Emergencia (COE), en el noroeste del país en pos de dar con los supuestos cabecillas del EPP.
Una organización de la que se desconoce su programa político y que, según las crónicas de prensa publicadas en los medios influyentes como el diario ABC, huyen de las estancias sojeras luego de haberse ''robado cuatro pollos (sic)''. Evidentemente, el personaje ''Bombita Rodríguez'' de Capusotto está más cerca de ser un problema a la seguridad nacional que el temible RAM sudamericano o el EPP guaraní.