La cultura del ajuste: Desde hace dos años el sentimiento de incertidumbre es atizado por despidos, cierre de programas y cambios que casi siempre tienen el mismo final: menos cultura.
La cultura del ajuste
23 de febrero de 2018
Agustín Colombo
Twitter: @ahcolombo
Despidos, cierre de programas, persecución y funcionarios que se enorgullecen más por los ''ahorros'' y ''menos costos'' que por proyectos culturales que representen un aporte al tejido social del país.
http://www.revistacitrica.com/la-cultura-del-ajuste.html
''Está todo más tranquilo, pero porque ya no queda nada''. Un trabajador del Ministerio de Cultura sintetiza así el escenario, mientras cruza los dedos porque sabe que una nueva barrida puede llegar en cualquier momento. En algún punto ya está acostumbrado a ese vértigo. Desde hace dos años el sentimiento de incertidumbre es atizado por despidos, cierre de programas y cambios que casi siempre tienen el mismo final: menos cultura.
Incluso los programas generados por la gestión de Pablo Avelluto, algunos interesantes como Spot o Plataforma Futuro, ya están en un proceso de ''secado'': no los cierran, pero los dejan morir lentamente. Una contradicción que se traslada al relato del ministro, que en sus reuniones con periodistas y promotores culturales da cuenta de un balance con más ''ahorros'' que nuevos proyectos, al mismo tiempo que elabora toda una teoría sobre lo rebeldes que deberían ser ellos ?el Gobierno?para afuera y para adentro: ''Nuestra rebeldía no tiene que ser la del Che Guevara, sino la de los Beatles''.
Más allá de su pretendida filiación beat, Avelluto tiene una premisa: en el ministerio ''sobran'' 560 personas. Ese es el número al que quiere llegar para ''modernizar'' su ministerio. Y si llega, será a costa de jubilaciones, renuncias inducidas y contratos sin renovación. ''El ajuste es evidente. Se traduce en menos trabajo, menos libros a bibliotecas populares, menos subsidios. Y lo que continúa, continúa reducido'', explica Manuel Cullen, delegado general de ATE.
Desde hace dos años el sentimiento de incertidumbre es atizado por despidos, cierre de programas y cambios que casi siempre tienen el mismo final: menos cultura.
La poda cultural a veces se convierte en noticia, como pasó con el cierre del ballet que dirigía Iñaki Urlezaga o el despido del director de orquestas infantiles y juveniles, Héctor Tacconi. El ballet de Iñaki había nacido con una misión social: llevar ese arte a pueblos donde no había llegado nunca. Mariela Bruno, bailarina del Ballet, contó que por WhatsApp les comunicaron que se disolvía la compañía y que se quedaban ''sin trabajo''.
Lo de Tacconi fue, como él mismo lo dijo, ''un gesto disciplinador''. Una manera de plantar bandera de la forma más abyecta: un despido sin causa. Pero aunque lo de Tacconi trascendió, muchos otros despidos similares quedan bajo la alfombra. En el Centro Cultural Recoleta, un espacio que depende del Gobierno porteño, echaron a ocho personas a fines de 2017, y otro número similar renunció porque les querían cambiar las condiciones de trabajo de manera arbitraria: les querían pagar lo mismo que el año pasado (la famosa paritaria cero, aplicada a rajatabla y con trabajadoras y trabajadores precarizados), hacerlos trabajar de miércoles a domingos y renovarles por tres meses en lugar de 12, como se estila usualmente.
En ese centro cultural, como en otros espacios, el presupuesto para este 2018 será 23% mayor al de 2017. Un buen síntoma entre tanta malaria. Aunque eso también sea parte del problema: lo que existe y sigue, en muchos casos se tendrá que hacer con menos personal. Esto le pasará a Emiliano Sánchez, que tendrá que realizar Radar música y Pachamama cósmica, en el CCC Recoleta, como en 2017, pero con un equipo reducido. ''La programación aumentó, pero echaron a compañeros que se habían afiliado. Hay una persecución sindical inédita'', afirma.
El ajuste es evidente. Se traduce en menos trabajo, menos libros a bibliotecas populares, menos subsidios. Y lo que continúa, continúa reducido.
El ajuste también llega a espacios muchas veces invisibles, pero no por eso menos importantes. La impre