El alma más densa
tiembla ante el espejo más triste.
Salgo a caminar
arrastrando solitario
mi lánguida estrella rojo sangre.
Cada día partimos, entre refucilos de dolor, a cumplir nuestra miserable (por lo mal paga) labor, internándonos en el caracol de túneles de fósforo.
La pared sin melena es el plato fuerte de lo que vendrá a despertarnos de los insomnios que el olvido nos promete.
La experiencia me indica que la total impunidad de mi conducta se deshace en errores interminables,
en donde el final me encuentra con abatimiento inexorable.