Tu alma destila brasas engarzadas
en lo hondo de mí corazón,
bellas pero terribles piedras negras
rescatadas del olvido
en el que reverberan
junto a la memoria que siempre
nos salva.
mi corazón se vuelve membrillo,
soy un aguerrido cazador furtivo,
que tributa al viento y a sus
gaviotas, las piedras negras
y redondas de su dolor,
mientras las aves,
austeras ayudantes,
tironeando y picoteando
dan muerte al
rebenque salvaje del desengaño.