La vida es mucho más que una mercancía. Educar para el mercado es humillar a los jóvenes.
CONVERSACIONES IMPOSIBLES DE VERDAD. De Carlos Skliar.
La educación vive una precariedad material y simbólica, dije.
Las escuelas explotan, literalmente hablando, seguí diciendo.
Educar para el mercado es humillar a los jóvenes, subrayé.
La vida es mucho más que una mercancía, enfaticé.
Las escuelas tienen que ser refugios para que la infancia respire, agregué.
No hay inclusión si hay deuda externa a cien años, deslicé.
Pura teoría, dijo el ministro.
Estamos trabajando, dijo el ministro.
Invertimos en educación, dijo el ministro.
El mundo exige competencias y adaptación, dijo el ministro.
Los niños tienen que ser jóvenes que al ser adultos estén listos para el mercado, dijo el ministro.
Me fui, sin saludar.
Se fue, sin saludar.
No hay educación sin conversación, es verdad, pensé.
Pero la conversación no puede ser esto, supuse.
La próxima vez no habrá próxima vez, decidí.
La educación no es el mercado, susurré.
La vida es nuestra, y no es cierto que hay que ganarse la vida como si hubiésemos nacido ya en la derrota, grité.