Reavivar laureles, rehabilitar la línea: una partida de ajedrez en el escenario de la vida cotidiana, que siempre es política.
La maestra buscó con ansia secreta esa partida por el título local, ya que, de ganarla, podría reavivar laureles, rehabilitar la línea de sus ideas y convicciones, frente a su discípula más aventajada, quien no siempre jugaba limpio y despreciaba los valores con que se la tutelaba.
Entonces, llegó el día.
Se dan la mano y se sientan, sobre la mesa el tablero y el viejo reloj, mudo testigo de una ancestral y de las más nobles batallas.
Maestra y discípula se trenzan en una lucha aguda e imaginativa frente al tablero.
Fieles a sí mismas, desarrollan sus piezas y dan señales de sus estrategias de juego. No se dan tregua y los movimientos nos permiten ver claramente, de un lado, a un monarca vulnerable; y a un peón decisivo, fuertemente apoyado, del otro.
La falta de buenas casillas y ciertas conservadoras decisiones, llevan al caballo blanco contrario a una encrucijada sin retorno, posición inestimable que la facultó para meditar brevemente sobre toda su vida en estas hermosas lides y perseguir implacable a la pieza mayor, llevándolo hasta un final sutil, una pequeña artesanía, casi quirúrgica, por lo efectiva.
Jaque Mate.
¡Chapó!
Saludó amablemente a su contrincante, estrechando firmemente su mano y taconeando, salió.
Reavivar laureles, rehabilitar la línea, con un juego impecable, se lo debía a la historia, a sus valores, a sus convicciones y a sí misma, por qué no?!