El muerto que paga por su fingida existencia ha llegado a presidente, su cara de gélido témpano desorientado y sus ojos de vidrio fracturado lo delatan.
Es un golem mal trazado, que no sufre, ni se interesa, por nada ni nadie, es quien no lee, no imagina, ni trabaja, pero que es capaz de prometer las mayores mentiras y de traicionar a sus familiares y amigos.
Está loco y no duerme, no descansa, es real y virtual a la vez. Es el lobo vestido de cordero, oculta sus intenciones como quien esconde una letal arma de fuego entre sus ropas.
Parece que no existe, ajeno y distante, hace que se crispa ó exaspera, pero nos miente con esmerado entrenamiento para ocultar su desierto interior y su destino de enemigo del pueblo.
Tenebrosos racimos de problemas nos acarrean sus acciones de gobierno, sus mentiras más ponzoñozas.
De éste lado estamos NOS., a la espera de nuevos fracasos cometidos en nuestra contra.
El largo brazo de la Ley se vuelve mocho ante ellos,